Trumpotitlán

AutorFabrizio Mejía Madrid

Estamos en el zócalo de Oaxaca, donde una vez al año los libros desplazan, según el momento, a ambulantes, maestros o taxistas. La señora se ha soplado lo que Juan Villoro, Eric Nepomuceno y yo hemos dicho a la pregunta general sobre el futuro de las izquierdas. Juan compara a la izquierda con una taquería que Heberto Castillo y su padre fundaron para financiar al Partido Mexicano de los Trabajadores:

-Los tacos eran tan heterodoxos que quebraron.

Eric Nepomuceno, el exiliado brasileño que tradujo a García Márquez, Cortázar y Eduardo Galeano, con voz socavada, simplemente dijo:

-Mi generación y la siguiente no verán jamás la vuelta de la izquierda. Todo terminó, no ahora con Trump, ni con Chávez o Lula, el golpe de Estado perfecto a Dilma, olvídense de eso. Todo acabó cuando el sandinismo se volvió priista. Cuando Daniel Ortega me decía que importaba autos de lujo a Nicaragua, yo pensaba que me hablaba del gobierno, no de él mismo.

En el ambiente está el descaro de la nueva corrupción, aquélla que pasó del sobreprecio y la adjudicación directa a simplemente depositarse mil millones de pesos del presupuesto destinado a los pobres, los universitarios, los médicos. Hay una desvergüenza en el robar que viene de la petulancia. La impunidad ha dado paso a la desfachatez. Los gobernantes mexicanos huyen ahora con miles de millones, con el presupuesto de sus estados entero, con el PIB de Haití en la cartera. La izquierda es una taquería o nunca más volverá a taquear.

Pero los tres tenemos una ilusión triste, como todas, en el regreso a la comunidad que redimensione a escala humana lo que el capitalismo desaforado quiere borrar. Se habla de la candidatura zapatista:

-Los indígenas no tienen por qué sentirse representados en López Obrador -dice Nepomuceno arrastrando las eses-, acuérdense de cómo la izquierda partidista les dio la espalda con los Acuerdos de San Andrés.

Pienso en otra desaparición, la de lo políticamente correcto, esa reforma del lenguaje que trataba de compensar con palabras lo que en la realidad se vive como injusticia. Trump habló de los "mexicanos violadores", de "agarrar a las mujeres por la vagina", de los árabes como terroristas genéticos, del "invento chino" del cambio climático. Y el presidente mexicano ha dejado, como dice la señora, de leer el teleprompter. ya dice lo que sea y parece divertirse con sus ocurrencias. El descaro no es sólo el abandono de las formas sino que invoca un cambio de cultura. La corrección política...

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