Postales peninsulares

AutorAnaline Cedillo

Texto y fotos: Analine Cedillo

Enviada

CELESTÚN, Yucatán.- Como pirámides amorfas, bajas y rugosas, montones de sal resplandecen junto a las charcas, bajo los rayos del sol. A cada tanto algunos salineros descalzos las golpean con sus picos, llenan cubetas con terrones, los echan a la máquina trituradora y llenan costales. Así por varias horas.

La escena es una postal típica de Celestún, sobre todo en el tiempo de colecta, que va de enero a junio. Sólo después de la pesca y el turismo, la extracción de sal es la actividad que más ingresos genera a las familias en este puerto del noroeste de la península.

Junto a los salineros, cerca de una docena de flamencos rosados remoja sus patas en el agua y nos fascina con el movimiento de sus cuellos flexibles.

Atestiguamos el momento camino al Humedal de Pilares, donde ornitólogos-como nuestro guía Alex Dzib- y otros especialistas se dedican a la observación y conteo de aves.

Por un puente llegamos hasta una palapa. El cuerpo de agua, completamente en paz y teñido de rojo por el manglar, refleja nítidamente el cielo y las nubes.

Aprovechamos la quietud para hacer fotos panorámicas, mientras otros toman el telescopio del guía para buscar ejemplos de aves endémicas, que vuelan entre los diferentes tipos de mangle: rojo, botoncillo, o blanco.

"Una de las ventajas de venir a Celestún es tener excursiones privadas con especialistas", asegura Alex. "Tienes el privilegio de ver un ambiente prístino".

El sitio, rodeado de vegetación y donde se puede ver la mayor concentración de flamencos entre noviembre y mayo, se antoja como el marco perfecto para un almuerzo o una celebración especial.

Una experiencia de este tipo es posible, dice nuestro guía, siempre y cuando se coordine a través los expertos, ya que aunque está abierto a los turistas, la vocación del humedal es principalmente de investigación.

El recorrido continúa hasta llegar al embarcadero Cultur, desde donde parten lanchas para ver a las aves dentro de la reserva, y que está situado a menos de 20 kilómetros del Hotel Xixim. Hemos hecho de sus instalaciones, frente a varios cientos de metros de playa intacta, un auténtico refugio de fin de semana.

MEMORIAS DEL PARAÍSO

Acalorados, pero contentos, regresamos a Xixim después de una mañana en lancha por la Reserva. Una parte del grupo opta por tumbarse en las hamacas instaladas en la terraza privada de su habitación; otros deciden darse un chapuzón en las albercas.

El Hotel Xixim, compuesto de 32...

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