Proyecto de decreto por el que se reforma el párrafo 9 y se adicionan los párrafos 14 y 15 del artículo 4 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, para establecer los principios generales en materia de economía del cuidado. - Iniciativas Legislativas del Senado - Iniciativas Legislativas - VLEX 581763822

Proyecto de decreto por el que se reforma el párrafo 9 y se adicionan los párrafos 14 y 15 del artículo 4 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, para establecer los principios generales en materia de economía del cuidado.

Fecha de presentación: 9 de Diciembre de 2014
Estado actual:Pendiente
Tipo de iniciativa:Modificaciones Constitucionales
 
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Iniciativa con proyecto de Decreto por el que se reforma la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, a cargo de la Senadora Diva Hadamira Gastélum Bajo, del Grupo Parlamentario del Partido Revolucionario Institucional.

La suscrita Diva Hadamira Gastélum Bajo Senadora de la República de la LXII Legislatura, integrante del Grupo Parlamentario del Partido Revolucionario Institucional, con fundamento en lo establecido en los artículos 71 fracción II de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y los Artículos 8, fracción I, numeral 1, 164 numerales 1 y 2, y 169 del Reglamento del Senado de la Republica, someto a la consideración de este pleno la Iniciativa con Proyecto de Decreto por el que se reforma el párrafo nueve y se adicionan los párrafos catorce y quince del artículo 4 dela Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos para establecer los principios generales en materia de economía del cuidado , de conformidad con la siguiente:

Exposición de Motivos

El término economía del cuidado se refiere a todas aquellas actividades relacionadas con el cuidado de niños, niñas y adolescentes, personas con capacidades diferentes que requieren atenciones especiales temporales o permanentes, adultos mayores, enfermos, entre otros, que se encuentran en situación de dependencia y que forman parte de una sociedad, así como todas aquellas actividades que realizan las personas en el hogar, trabajos domésticos, remunerados o no remunerados, que constituyen parte esencial de la economía de una nación y que en la mayoría de los casos no están reconocidas formalmente.

A mayor abundamiento, haremos un repaso por algunas de las definiciones y sus elementos constitutivos, que se han realizado por investigadoras y académicas de reconocido prestigio nacional e internacional.

Para Corina Rodríguez Enríquez

“se trata de aquellos elementos que cuidan o nutren a las personas, en el sentido de que les otorgan los elementos físicos y simbólicos imprescindibles para sobrevivir en sociedad (UNIFEM, 2000). Así́ , el cuidado refiere a los bienes y actividades que permiten a las personas alimentarse, educarse, estar sanas y vivir en un hábitat propicio.

Asociarle al término cuidado el concepto de economía implica concentrarse en aquellos aspectos de este espacio que generan, o contribuyen a generar, valor económico. Es decir, lo que particularmente interesa a la economía del cuidado es la relación que existe entre la manera en que las sociedades organizan el cuidado de sus miembros y el funcionamiento del sistema económico.

Una primera aproximación iguala la noción de cuidado a la de trabajo no remunerado realizado en el ámbito del hogar. Esta es la concepción de economía del cuidado que mayor difusión ha tenido en los trabajos de la economía feminista. Y está asociada a la noción de reproducción social, entendida fundamentalmente como reproducción de la fuerza de trabajo. Desde este punto de vista, la economía del cuidado refiere al espacio donde la fuerza de trabajo es reproducida y mantenida, incluyendo todas aquellas actividades que involucran la atención de los miembros del hogar, la crianza de los niños, las tareas de cocina y limpieza, el mantenimiento general del hogar y el cuidado de los enfermos o discapacitados”.

Para Soledad Salvador

“La economía del cuidado [careeconomy] se define como el trabajo realizado, primordialmente en la esfera doméstica, para el cuidado de las personas que se complementa con trabajo asalariado en el hogar, trabajo asalariado en los servicios públicos y privados y trabajo social voluntario. Existe, por lo tanto, una esfera de esa economía del cuidado que es remunerada y otra que es no remunerada. El trabajo no remunerado desarrollado en el ámbito familiar es el núcleo de ese proceso de reproducción social sobre el cual recae la responsabilidad final de armonizar las demás formas de trabajo y/o absorber sus insuficiencias” (Picchio, 1999).

La economía del cuidado es esencial para el desarrollo y mantenimiento de la salud y las capacidades de la fuerza de trabajo, pero también en el desarrollo y mantenimiento del tejido social: el sentido de comunidad; de responsabilidad cívica; las reglas, las normas y los valores que mantienen la confianza, la buena voluntad y el orden social.

Estas actividades, en general, se consideran como dadas y no se introducen en la discusión de políticaeconómica. Pero la riqueza de un país consiste no solo en los bienes y servicios producidos por el sector privado y el sector público, sino también en lo que la economía del cuidado provee que son las capacidades humanas y la cohesión social”.

Para Rosario Aguirre:

En términos generales, el cuidado se puede concebir como una actividad femenina generalmente no remunerada, sin reconocimiento ni valoración social. Comprende tanto el cuidado material como el inmaterial, que supone un vínculo afectivo, emotivo, sentimental entre el que brinda el cuidado y quien lo recibe. Se basa en lo relacional y no es solamente una obligación jurídica establecida por la ley, sino que también contribuye a construir y mantener las relaciones familiares. En ese sentido, Arlie Russell Hochschild (1990) indica que: “El cuidado es el resultado de muchos actos pequeños y sutiles, conscientes o inconscientes que no se puede considerar que sean completamente naturales o sin esfuerzo. Así, nosotras ponemos en el cuidado mucho más que naturaleza, se ponen sentimientos, acciones, conocimiento y tiempo”. Además, el cuidado puede ser provisto de forma remunerada o no remunerada. Pero aun fuera del marco familiar, el trabajo de cuidados se caracteriza por la relación de servicio y preocupación por los otros. El cuidado es pago o impago a consecuencia de elecciones políticas, valoraciones culturales compartidas y el sistema de género imperante.

Existen dos grandes tipos de cuidado: por una parte, el cuidado proporcionado a niños, niñas y adolescentes, donde junto con la obligación hay una poderosa fuente de gratificación y, por otra, el cuidado dedicado a la atención ante una enfermedad, crónica o aguda, llamado cuidado asistencial (Murillo, 2003)

En el caso del cuidado infantil, hay una frontera difusa entre actividades de cuidado y actividades propias de la educación inicial, por lo que en este caso la noción de cuidados presenta particular interés para evidenciar actividades que de otra forma permanecerían ocultas.

En el caso del cuidado de las personas mayores dependientes, existen también dificultades para que las tareas que lo integran sean reconocidas como tales cuando son prestadas de manera informal. Una clave para entender esta situación la proporciona Soledad Murillo (2003), cuando precisa que el cuidado está inmerso en la lógica del sacrificio, sacrificio que puede entrañar —sin pretenderlo— un grado de reconocimiento social, a pesar de que la enfermedad se haga crónica y termine por “robarle” el tiempo a quien lo prodiga”.

La paulatina y cada vez mayor incorporación de las mujeres al mercado laboral, el lento proceso de debilitamiento de la tradicional familia patriarcal, conjuntamente con los procesos de ajuste de los presupuestos públicos ocurridos en la región, que implicaron un profundo proceso de retracción de las instituciones del Estado Bienestar, impusieron un contexto crítico para la organización del cuidado.

El cuidado es proveído en su mayoría por las mujeres, quienes durante siglos han sido responsables de estas tareas, debido a una construcción social de género que permea la sociedad, la cualles ha asignado el rol de cuidadoras. Es decir, no es una elección libre y propia, esta sesgada por una visión androcentrista y sesgos biologicístas que permean la sociedad y aun cuando este trabajo es trascendente para el sostenimiento de las sociedades y tiene un fuerte impacto en la economía, continúa siendo invisibilizado.

Además, cada día estas tareas se vuelvenmás complicadas, ya que un gran número de mujeres se han insertado en el mercado laboral, sin que la inserción de los hombres a las tareas de cuidado y domésticas sea significativa.Asimismo, la integración de las mujeres al mercado laboral necesariamente tuvo que generar políticas para el reconocimiento económico del trabajo no remunerado ejercido por las mujeres en el ámbito doméstico y de cuidado.

Estas actividades de cuidado que satisfacen algunas de las necesidades de niñas, niños, enfermos/as y adultos/as mayores y comprenden las tareas de apoyo, educación, limpieza, alimentación y recreación, entre otras, para las y los niños, enfermos y/o adultos/as mayores, integran la economía del cuidado. Las necesidades de cuidado difieren en tipo e intensidad, según la edad, características de salud y condición de discapacidad.

Las tareas de cuidado generan trabajo doméstico, como la limpieza de ropa, cuarto, donde juegan o permanecen las personas que reciben el cuidado, o bien la comida que diariamente se debe realizar. En este sentido, vemos que el trabajo de cuidado está estrechamente ligado con el trabajo doméstico y puede ser pensado como un cuidado indirecto o una precondición para el cuidado directo que se realice.

Las actividades de cuidado y las tareas domésticas, tienen un alto valor social y económico, que no ha sido reconocido lo suficiente. Según datos de la Cuenta Satélite del Trabajo No Remunerado en los Hogares de México , el trabajo no remunerado representó 21.6% del PIB en 2011 y el trabajo de cuidado y apoyo a los integrantes del hogar, es el grupo de actividades de mayor peso económico, pues constituyen una tercera parte del total del valor económico del trabajo no remunerado, con una aportación femenina de 74.1% a dicho valor.

Es necesario resaltar, que al interior de los hogares existe una marcada división sexual del trabajo, entendida como la asignación de tareas específicas y particulares a mujeres y hombres, la cual se encuentra en la raíz de las desigualdades de género, que se manifiesta en el mundo del trabajo.

Esta...

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