Discurso de Carranza al presentar el Proyecto de Reformas a la Constitución de 1857

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UNA DE LAS más grandes satisfacciones que he
tenido hasta hoy, desde que comenzó la
lucha, que, en mi calidad de gobernador consti-
tucional del Estado de Coahuila, inicié contra
la usurpación del gobierno de la República, es la
que experimento en estos momentos, en que vengo
a poner en vuestras manos, en cumplimiento de
una de las promesas que en nombre de la revolu-
ción hice en la heroica ciudad de Veracruz al
pueblo mexicano: el proyecto de Constitución re-
formada, proyecto en el que están contenidas
todas las reformas políticas que la experiencia de
varios años, y una observación atenta y detenida,
me han sugerido como indispensables para cimen-
tar, sobre las bases sólidas, las instituciones, al
amparo de las que deba y pueda la nación laboral
últimamente por su prosperidad, encauzando su
marcha hacia el progreso por la senda de la liber-
tad y del derecho; porque si el derecho es el que
regulariza la función de todos los elementos so-
ciales, fijando a cada uno su esfera de acción, esta
no puede ser en manera alguna provechosa, si en
el campo que debe ejercitarse y desarrollarse, no
tiene la espontaneidad y la seguridad, sin las que
carecían del elemento que, coordinando las aspi-
raciones y las esperanzas de todos los miembros
de la sociedad, los lleva a buscar en el bien de
todos la prosperidad de cada uno, estableciendo
y realizando el gran principio de la solidaridad,
sobre el que deben descansar todas las institu-
ciones que tienden a buscar y realizar el perfec-
cionamiento humano.
La Constitución política de 1857, que nues-
tros padres nos dejaron como legado precioso, a
la sombra de la cual se ha consolidado la nacio-
nalidad mexicana; que entró en el alma popular
con la guerra de Reforma, en la que alcanzaron
grandes conquistas, y que fue la bandera que el
pueblo llevó a los campos de batalla en la guerra
contra la intervención, lleva indiscutiblemente,
en sus preceptos, la consagración de los más
altos principios, reconocidos al fulgor del incen-
dio que produjo la revolución más grande que pre-
senció el mundo en las postrimerías del siglo XVIII,
sancionados por la práctica constante y pacífica
que de ellos se ha hecho por dos de los pueblos
más grandes y más poderosos de la Tierra: Ingla-
terra y los Estados Unidos.
Mas, desgraciadamente, los legisladores de
1857 se formaron con la proclamación de princi-
pios generales que no procuraron llevar a la prác-
tica, acomodándolos a las necesidades del pue-
blo mexicano; de manera que nuestro código
político tiene en general el aspecto de fórmulas
abstractas en que se han condensado conclusio-
nes científicas de gran valor especulativo, pero
de las que no ha podido derivarse sino poca o nin-
guna utilidad positiva.
En efecto, los derechos individuales que la
Constitución de 1857 declara que son la base de
las instituciones sociales, han sido conculcados
de una manera casi constante por los diversos go-
biernos que desde la promulgación de aquélla se
han sucedido en la República; las leyes orgáni-
Discurso de Carranza al presentar el
Proyecto de Reformas a la Constitución de
1857
*
Querétaro, 1 de diciembre de 1916
1916
TEXT O ORI GINA L
*Fuente: Félix F. Palavicini, Historia de la Constitución de 1917, t. I, Col. Clásicos del Derecho Mexicanos, Tribunal Superior de
Justicia del Distrito Federal, pp. 144-161.

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