Buscaban a un familiar desaparecido; fueron asesinados

Fecha de publicación05 Agosto 2021
AutorAnaly Nuño *
12 hombres y mujeres mexicanos que, al dedicarse a buscar a un familiar desaparecido o pedir justicia, fueron asesinados: Nepomuceno Moreno, Zenaida Pulido, Leopoldo Valenzuela, Sandra Luz Hernández, Nicanor Araiza, Bernardo Carreto, Marisela Escobedo, Javier Barajas, José de Jesús Jiménez, Aranza Ramos, Pablo Miramontes y Miriam Rodríguez. Collage de fotos: lucylu_fanels

Este es un reportaje de Analy Nuño para el Proyecto A dónde van los desaparecidos.

Por meses o años mostraron carteles con las fotografías de su familiar desaparecido. Nunca dejaron de recorrer ciudades, fiscalías, hospitales, cárceles, montes, anfiteatros o de excavar debajo de la tierra. En su camino estas 12 personas buscadoras encontraron desdén, amenazas, persecución y la muerte.

En esta lista fatal está un ranchero que en el norte buscaba a su hijo y sus secuestradores le dieron la muerte, un vendedor de mariscos que caminó por todo el país con el pendón en el que llevaba la foto de su hijo, una comerciante que buscó en silencio 12 años y los últimos excavó buscando huesos, un padre que en 15 días localizó 15 fosas clandestinas, dos madres que acecharon a quienes desaparecieron a sus hijas, un mecánico en busca de su hermano mayor y una madre en busca de un hijo a quienes les ofrecieron información y les tendieron una trampa.

Los asesinatos ocurrieron en Chihuahua, Durango, Sonora, Veracruz, Sinaloa, Guerrero, Tamaulipas, Jalisco, Michoacán, Guanajuato y Zacatecas. A pesar de que en distintos casos advirtieron en público, ante la prensa o las autoridades del riesgo que corrían, sus muertes no fueron evitadas.

De los homicidios que se documentaron para este texto, tres ocurrieron en 2010 y 2011, durante el sexenio de Felipe Calderón. Durante el gobierno de Enrique Peña Nieto al menos cinco personas buscadoras fueron asesinadas (2014, 2015, 2016, 2017 y 2018); en la actual administración han sido cuatro las víctimas documentadas: uno en 2019 y tres este 2021. No son los únicos; podrían ser más.

La mayoría de estas y estos buscadores, antes de su muerte había investigado el paradero de sus familiares. En su búsqueda recorrieron los circuitos de la desaparición en México, descubrieron y destaparon campos de exterminio, casas de seguridad donde retienen personas, fosas clandestinas y entramados de complicidades. Valientes, denunciaron a los criminales; en cuatro casos, los perpetradores eran funcionarios públicos (fiscales, militares, policías, autoridades municipales) o estaban coludidos.

Les falló la autoridad desde que se llevaron a su familiar. Les volvió a fallar cuando no buscó y les obligó a salir a buscar. Les falló al no protegerles. Les sigue fallando al no hacerles justicia.

En 2010 ocurrió el primero de estos 12 asesinatos de personas buscadoras que fue consignado por la prensa. Los últimos ocurrieron el pasado mes de julio: el día 27 mataron al papá zacatecano Nicanor Araiza, 11 días antes a la sonorense Aranza Ramos, quien buscaba a su marido.

Dos casos de la lista son de madres que sufrieron la desaparición de sus hijas, descubrieron que ya habían sido asesinadas y cuando conocieron el destino final de sus restos se dedicaron a perseguir a sus homicidas hasta verlos encarcelados; éstos las mataron. Sus nombres son conocidos: Marisela Escobedo, en Chihuahua, en 2010, y Miriam Rodríguez, en Tamaulipas, en 2017. Javier Barajas, otro de estos familiares-activistas, ya había encontrado a su hermana, pero se mantuvo en la búsqueda de otras personas. Salvo esas excepciones, el resto de personas buscadoras murió sin conocer el paradero del ser querido ausente.

Este es otro saldo de la "guerra contra las drogas" que declaró el ex presidente Felipe Calderón en 2006, que en 15 años ha dejado más de 85 mil personas desaparecidas. En 2012, al finalizar el sexenio de Calderón, 26 mil personas habían desaparecido. Al término del gobierno de Enrique Peña Nieto en México habían 40 mil 180 personas desaparecidas. Durante el actual gobierno han desaparecido más de 21 mil personas. Ante la ineficacia de las autoridades las familias son obligadas a salir a buscar.

Estas son —en orden cronológico— las 12 historias que el proyecto A dónde van los desaparecidos pudo documentar a partir de lectura de medios de comunicación y consulta a periodistas aliados (es una lista en construcción, por lo que invitamos a quienes nos leen a sumar casos que conozcan).

“Que me venga a matar aquí, para vergüenza del gobierno”

El 16 de diciembre de 2010, al terminar una protesta para exigir justicia para su hija, Marisela Escobedo Ortiz, de 52 años, fue asesinada frente al Palacio de Gobierno de Chihuahua.

En agosto de 2008, su hija Rubí Marisol Frayre, de 16 años, fue asesinada en Ciudad Juárez, Chihuahua, por Sergio Rafael Barraza, su compañero sentimental, quién después de quitarle la vida, desapareció el cuerpo y le aseguró a la familia que Rubí lo había abandonado.

Marisela inició la búsqueda de su hija, un mes después logró que la Fiscalía levantara la denuncia por desaparición y se unió a grupos de madres en búsqueda de sus hijas desaparecidas. Empezó a entregar volantes con la foto de su hija, ofreció gratificación por información sobre el paradero y casi un año después logró que Barraza fuera detenido y enjuiciado. Sin embargo, fue declarado inocente a pesar de que confesó el homicidio y señaló el lugar donde quemó y se deshizo del cuerpo de Rubí: en un tiradero clandestino de desechos de puercos. Los restos nunca fueron encontrados.

Tras el juicio, Marisela renunció a su trabajo como enfermera, vendió un negocio de carpintería y mueblería y se dedicó a llevar por segunda ocasión a juicio al asesino de su hija, quien para ese momento había huido del estado. Marisela recorrió el país para hacer público su caso, marchó desnuda solo cubierta con la foto de su hija y localizó a Barraza en Zacatecas, donde éste se había unido al cártel de Los Zetas.

Ante la inacción de las autoridades, Marisela decidió hacer un plantón frente al Palacio de Gobierno de Chihuahua de donde no se movería hasta que el asesino de Rubí estuviera en prisión. En ese momento se intensificaron las amenazas de muerte que recibía.

En fotografía: Marisela Escobedo protestando para pedir justicia para su hija Rubí, quien fue asesinada. Crédito: Imagen tomada de la página de Facebook El Pueblo

En la noche del séptimo día de protesta, mientras Marisela levantaba los carteles con sus exigencias, un hombre descendió de una camioneta con un arma y le disparó, aunque ella corrió hacia el Palacio, una bala la alcanzó y su cuerpo quedó tendido sobre la banqueta en la entrada del recinto.

“Le he perdido el miedo a todo. No me voy a esconder. Si me va a venir a asesinar, que me venga a matar aquí, para vergüenza del gobierno. Tengo amenazas por parte de él, de la familia. Él está ya involucrado en un grupo del crimen organizado, ¿qué está esperando el gobierno? ¿Que venga y termine conmigo? Pues que termine conmigo, pero aquí, a ver si les da vergüenza”, dijo Marisela en entrevista con diversos medios, 10 días antes de su asesinato.

“Venimos por ti”

Leopoldo Valenzuela Escobar, Don Polo, vivía en Nuevo Ideal, Durango, donde tenía una refaccionaria. El 23 de septiembre de 2010 varios sujetos encapuchados ingresaron al negocio familiar y se llevaron a su hijo Leopoldo Valenzuela Gómez, de 29 años.

Los siguientes cinco meses, con sus 80 años, Don Polo se dedicó a investigar el secuestro de su hijo e identificó con nombre y apellido a los responsables del plagio, a quienes les había entregado un millón 600 mil pesos de los 10 millones que pedían de rescate.

Después de reunirse con el fiscal Ramiro Ortiz y pedir sin éxito apoyo a un teniente de apellido Zambrano de la X Zona Militar para rescatar a su hijo, Don Polo llegó a la conclusión de que protegían a los secuestradores: en ese encuentro, el padre duranguense mostró a Zambrano el mensaje de texto que habían enviado los secuestradores y el número registrado: “¿Cómo que de ese número te lo mandaron?”, dijo el militar y de inmediato se rehusó a acompañarlo.

A pesar de que Don Polo pidió ayuda al gobernador, al procurador, al Ejército, la Secretaría de...

Para continuar leyendo

Solicita tu prueba

VLEX utiliza cookies de inicio de sesión para aportarte una mejor experiencia de navegación. Si haces click en 'Aceptar' o continúas navegando por esta web consideramos que aceptas nuestra política de cookies. ACEPTAR